La literatura ecuatoguineana continúa abriendo caminos más allá de sus fronteras. Esta vez, la palabra viaja hasta El Salvador de la mano del escritor, poeta, performer y promotor cultural Manuel Esono Biká, conocido como Sir Manoiká, quien participa en AfrOeste con una propuesta que utiliza la literatura como puente entre pueblos y generaciones.
El joven ecuatoguineano Manuel Esono Biká, conocido artísticamente como Sir Manoiká y popularmente como «Llámame M», ha sido seleccionado para participar en AfrOeste 2026, en una residencia de creación literaria en El Salvador, junto a Joy Helena González Güeto.
Su participación supone mucho más que un desplazamiento internacional. Desde Guinea Ecuatorial, Manoiká llega con una escritura atravesada por la memoria, la identidad, la oralidad y la experiencia africana, elementos que confluyen en su proyecto «La palabra que respira».
La propuesta busca convertir la literatura en un espacio de encuentro entre Guinea Ecuatorial y El Salvador, explorando los vínculos entre sus memorias, sus formas de narrar y sus maneras de preservar la identidad a través de la palabra.
Durante la primera fase, realizada junto a la Fundación Redentor, en San Benito, y con el acompañamiento del Centro Cultural de España en El Salvador, trabajó con niñas, niños y jóvenes mediante historias, versos, oralidad y ejercicios de creación.
Las semillas, los árboles y sus frutos se convirtieron en una metáfora central: cada historia contiene una memoria y cada palabra puede ser una semilla que necesita una tierra donde crecer.
Desde la tradición oral africana y la herencia bantú, el artista plantea así un diálogo entre dos territorios separados por un océano, pero unidos por experiencias de identidad, memoria, resistencia y reconstrucción cultural.
La presencia de Manoiká en El Salvador representa también una oportunidad para que la literatura ecuatoguineana amplíe sus espacios de circulación y encuentre nuevas voces dispuestas a escucharla.
Porque viajar puede significar mucho más que desplazarse: puede ser llevar una memoria hasta otra orilla y descubrir que allí también existen raíces capaces de reconocerla.
Y así, de Guinea Ecuatorial hacia América Latina, «La palabra que respira» convierte el viaje en un puente cultural y demuestra que una literatura puede caminar lejos sin desprenderse de su tierra.




