En fin. La vida hoy es así. Se nos inunda de información, aveces distorsionada, pero pocos saben discutir de manera razonada. No hay más que salir a la calle, leer la prensa local, oír la radio o ver la televisión para darte cuenta de que en este país solo unos pocos saben argumentar. Vivimos rodeados de información, tanta que casi no nos da tiempo a procesar nada… aunque, para ser sinceros, tampoco solemos intentarlo. ¿Y por qué argumentar? Las razones son obvias, los males de este mundo se deben, por completo, a los defectos morales como la incapacidad argumentativa.
Desde el punto de vista doctrinal, las argumentaciones pueden estudiarse como si fueran moldes que permiten distinguir una argumentación correcta de la que no lo es.Esta sería para el profesor argentino de lógica, Alberto Moreno, la “lógica formal”. Pero, aunque las facultades formen a buenos abogados, periodistas, economistas, etc., no enseñan a argumentar. Quizá la asignatura “Cómo pensar por cuenta propia” sea optativa… y sospechosamente nunca aparece en el plan de estudios. ¿Y por qué siendo seres racionales renunciamos a esta actividad intelectual? A veces parece que la racionalidad vino defectuosa de fábrica, o que alguien la perdió por el camino.
Más que una renuncia individual, parece ser un problema global que tiene sus raíces en los métodos tradicionales de enseñanza, que siguen priorizando la memorización sobre el pensamiento crítico y eso afecta directamente a la capacidad para formular argumentos sólidos. Por lo que se debería volver a analizar qué se enseña y quién, cómo enseña y como evalúa. Al fin y al cabo, seguir repitiendo de memoria no convierte a nadie en pensador; solo en experto en repetir sin cuestionar.
Lo cierto es que, aunque sigamos anclados en los métodos tradicionales de enseñanza-aprendizaje, que no facilitan el desarrollo de las capacidades reflexivas, hay un grado de culpabilidad en el propio individuo… si nuestro pensamiento no es naturalmente oscuro, ¿por qué lo enturbiamos? Es como si algunos temieran que una idea bien explicada les hiciera perder prestigio. Al parecer la claridad mental será considerada una forma de rebeldía.
En suma, nuestro mundo va deprisa y estamos abandonando las buenas prácticas. El consejo para los que no desean renunciar a esta potente actividad intelectual es que se hagan preguntas. Que duden, pero que duden de verdad y de todo. Grecia ya pasó por ahí. Ellos inventaron el arte de pensar; nosotros hemos perfeccionado el arte de discutir sin escuchar. Cada sociedad aporta su granito de arena a la historia. Pero cuando se pongan de moda en Guinea las discusiones razonadas o el hablar claro y bien…¡Veremos! Ojalá lleguen antes que la próxima tendencia de TikTok. Sería todo un avance civilizatorio.















