Según publica El País, un estudio reciente publicado en la revista PNAS, demuestra cómo el hecho de estar rodeados en entornos tóxicos acelera el proceso de envejecimiento en las personas. El citado estudio toma como referencia la obra titulada «El aniversario», una novela escrita por el italiano Andrea Bajani. En la obra, el protagonista decide separarse de sus padres, cortar toda comunicación con ellos y poner tierra de por medio, para alejarse del malestar que le produce esta relación, marcada irremediablemente por el totalitarismo y la violencia persistente física y emocional, con esta decisión sin darse cuenta, ese hombre adulto está comprando también papeletas para vivir más y mejor.
El estrés como motor de envejecimiento
Byungkyu Lee, que apunta a que las relaciones difíciles pueden generar una tensión repetida y un desgaste emocional que mantienen activados los sistemas de respuesta al estrés del cuerpo a lo largo del tiempo. “Cuando esto ocurre de forma repetida, puede afectar a la inflamación, la función inmunitaria, el sueño y otros sistemas fisiológicos estrechamente relacionados con el envejecimiento”, subraya el investigador. Por su parte, Consuelo Borrás destaca que ese estrés sostenido promueve un estado de inflamación sistémica de bajo grado, el conocido como inflammaging, que es uno de los sellos distintivos del envejecimiento. “El propio estudio encuentra niveles más elevados de proteína C reactiva en personas con más relaciones tóxicas, una inflamación crónica que altera los patrones de metilación del ADN y deja una huella molecular detectable en nuestro epigenoma”, añade.

Lo curioso de los resultados del estudio es que los familiares cercanos tóxicos (el padre, la madre, el hermano, los hijos o el cuñado) o los no familiares tóxicos como jefes o compañeros de trabajo, muestran un impacto sobre la edad biológica que, sin embargo, no manifiesta una pareja tóxica. Para Borrás, una posible explicación a esta aparente contradicción se encuentra en las relaciones en sí. De una pareja tóxica, te puedes separar. Sin embargo, es más difícil divorciarse de unos padres, de unos hijos o de un jefe.
Para Byungkyu Lee, por su parte, otra explicación podría encontrarse en el hecho de que las relaciones de pareja suelen combinar interacciones negativas y positivas de maneras diferentes a otros vínculos. “Un cónyuge que te genera problemas también suele ser alguien con quien compartes rutinas diarias, recursos e intimidad emocional, lo que puede compensar el patrón que observamos”, sugiere.
En lo que también coinciden los investigadores es en la importancia de no caer en el tremendismo. Los resultados de este estudio no pueden sintetizarse, por ejemplo, en un “mejor solo que mal acompañado”. Y es que la soledad no deseada, recuerdan, es un factor de riesgo bien establecido para el envejecimiento acelerado, la demencia, la enfermedad cardiovascular y la mortalidad prematura. “Lo que sí nos dice este estudio es que no vale cualquier compañía. Una red pequeña pero positiva puede ser mucho más protectora que una red grande plagada de relaciones tóxicas. Ni la soledad ni la mala compañía son buenas; lo que protege es la calidad del vínculo, no su mera existencia”, concluye Consuelo Borrás.


